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renovando tu manera de pensar

Y ¿Se Puede Hablar Con Dios?

Discipulado "¿Y Ahora Qué?" - Lección 3

Orar es conversar con Dios. Orar es conectarte con tu Creador, con aquél que te conoce, y que dio a Su Hijo para que diese su vida por ti.
Orar es como tomar un teléfono celular y marcar a la línea directa de Dios. Es conversar con tu Señor. Y a Él no le importa que utilicemos o no palabras solemnes o ceremoniosas. Él desea que platiquemos con Él, tal y como platicas con un amigo o con tus padres. Él es el mejor amigo que podrás tener, a quien puedes confiarle todo. Él es nuestro Padre celestial, ese Padre amoroso que nunca nos dejará.

Pero a muchos de nosotros nos da miedo hablar con Dios porque no sabemos qué decir, cómo decir, o cuándo decirlo. O si lo decimos, ¿cómo saber si nos escucha?

Déjame decirte algo, Dios es quien quiere hablar contigo. Él está más interesado que tú mismo en hablar contigo. Y quizás has pensado ¿a poco así de sencillo es hablar con Dios? Es muy probable que los discípulos de Jesús también pensaran que la oración tenía que ser algo complicado, porque una vez le dijeron: “Enséñanos a orar” (Lucas 11:1)

Quizás pensaron que Dios estaba muy muy lejos, que era inalcanzable. Quizás no sabían qué decir, cómo decirlo o cuándo hacerlo. Pero cuando veían a Jesús orar, sabían que era diferente. Podían ver a un Hijo conectándose con su Padre en una profunda relación. Y ellos querían eso.

Jesús gustosamente les respondió: Cuando oren háganlo así, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino. Tu voluntad sea hecha en la tierra así como es hecha en el cielo. Danos hoy el pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación, líbranos del maligno” (Mateo 6:9-13).

Para nada complicado. Este es un modelo, no para repetir, sino para basar nuestras conversaciones con Dios.

1. Padre nuestro que estás en los cielos. El comienzo es reconocer a Dios, no tan sólo como Dios, sino como un Padre, tu Padre. Un Padre que nunca te dejará.

2. Santificado sea tu nombre. Él es Dios, y es importante recordar que Él es el único digno de nuestra alabanza. Por tanto debemos honrarle, glorificarle con nuestros labios.

3. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad en la tierra como es hecha en los cielos. Esto significa reconocer tu deseo de que en tu vida no se haga más tu voluntad, sino la de Él. Reconocer que el rey de tu vida es Jesús.

4. Danos hoy el pan de cada día. Dios conoce todas tus necesidades y quiere satisfacerlas, pero también quiere que nosotros se las pidamos, demostrando así nuestra confianza en Él. Nota que Jesús dijo: pidan el pan de cada día, y esto significa lo suficiente para hoy. El punto es que debemos confiar día a día en Dios, no te preocupes por el mañana.

5. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Cuando vienes a Dios pidiendo su perdón, siempre considera tener una actitud de perdón hacia los que a ti te han ofendido.

6. Y no nos dejes caer en la tentación, líbranos del maligno. Dios nunca está planeando para ti la tentación, el enemigo es el encargado de cada tentación en tu vida. Por el contrario, Dios te da el poder para defenderte del enemigo de tu alma. Esta parte de la oración es como decir: “Señor, cuando yo desee pecar, no permitas que haya oportunidad. Y cuando tenga la oportunidad de pecar, no permitas que tenga el deseo.”

La oración es la clave para una vida espiritual fuerte. Recuerda que parte de tu oración es la intimidad con Dios, la adoración, reconocer su señorío en tu vida y tu dependencia total de Él,confesión y perdón, y liberación.

Aprovecha esta gran oportunidad que tienes de platicar con Dios, y ora en todo momento, en las buenas o en las malas (1 Tesalonicenses 5:17). Fórmate el hábito de platicar con Dios todos los días.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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