Transfórmate.
renovando tu manera de pensar

Victoria Sobre El Pecado

Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Filipenses 1:6)

Uno de los temas más incómodos dentro de la iglesia es el pecado. Y es que no es un tema “bonito”. Y es que vivimos en una cultura y en tiempos en que al pecado ya no se le llama así. Ahora recibe nombres como: enfermedad, estilo alternativo de vida, resbalón, etc. Pero no podemos olvidar un asunto muy importante, el pecado puede afectar tu crecimiento espiritual y tu servicio a Dios y a Su pueblo.

El día que tú pediste a Jesucristo que entrara a tu vida, que perdonara tus pecados y que fuese Señor en tu vida; Él comenzó una “buena obra” dentro de ti. Y Él ha prometido que no dejará de trabajar en ti hasta que complete lo que ha comenzado.

Y es que después de la salvación, Dios comienza a trabajar con el asunto del pecado en tu vida diaria. Y eso es algo que necesitamos desesperadamente, porque el deseo por el pecado prevalece en nuestras vidas y nos puede alejar de lo que DIOS tiene para nosotros. Pero no te preocupes, podemos vencer.

Hombres de la Biblia como Pedro y Pablo, admitieron su tendencia al pecado, pero el pecado no era un patrón de vida en ellos. Esa es la diferencia. Jesús quiere hacerte libre de los hábitos pecaminosos en tu vida.

1. No Puedes Esconder Tu Pecado
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Lo primero que tienes que entender para ser libre de los hábitos pecaminosos, es que no puedes esconder tu pecado.

El pecado es descrito a lo largo de la Biblia cono enfermedad y destrucción, como una mancha, y como apartarse de la presencia de Dios. Así que no nos sorprende que el pecado tenga efectos devastadores. Tenemos el ejemplo del Rey David al no confesar su pecado.

Nadie tan amado como David, un hombre conforme al corazón del Señor. Pero dominado por la lujuria, vio a Betsabé bañándose y cometió adulterio. El pecado no terminó allí. Después, descubrió que estaba embarazada, así que arreglo el asesinato de Urías, el esposo de Betsabé y uno de sus generales.

Por muchos años, David trató de esconder su pecado. Pero eso quitó mucho en la mente y emociones de David. Vivía con culpa. Sus actos pecaminosos dominaban sus pensamientos. Tanto que David dijo: “Mi pecado está frente a mí”. Y es que no puedes escapar a tu conciencia cuando pecas.

Fue hasta que David fue confrontado por Dios, a través del profeta Natán, que finalmente confesó su pecado y comenzó el camino a la restauración.

¿Qué tal tu vida? ¿Tu pecado yace frente a ti? ¿Estás sufriendo por los efectos devastadores del pecado? Sólo hay una solución: corre a Dios y confiesa tu pecado. Resiste a la tentación de esconder tu pecado.

2. Debes Confesar Tu Pecado
Entonces dijo David a Natán: --Pequé contra Jehová. Natán dijo a David: --También Jehová ha perdonado tu pecado; no morirás. (2 Samuel 12:13)

Una confesión honesta, sincera de nuestro pecado es esencial para poder recibir el perdón de DIOS.

Recuerda que David intentó esconder su pecado, de muchas formas quiso lidiar con la culpa y la vergüenza. Pero Dios envió al profeta Natán para confrontarlo con una parábola y demostrarle cuán grande había sido su pecado. Cuando David escuchó: “Tú eres ese hombre” de labios de Natán, David no intentó negar su pecado, o culpar a Betsabé, o excusarse porque él era rey. En vez de eso, David confesó y dijo: “Pequé contra el Señor”. ¡Esa es una verdadera confesión!

Confesar nuestro pecado es estar de acuerdo con lo que DIOS ha dicho que es pecado. En otras palabras, debemos llamar al pecado como lo que es: pecado. No suavizarlo con tropecé, me deslicé, recaí en la enfermedad, o nos casamos y listo, etc. Sino decir delante del Señor: “He pecado”. Reconocer la naturaleza del acto y pedir perdón al Señor.

Todos necesitamos recibir perdón del Señor. ¡Él desea restaurarnos! Pero necesitamos confesar nuestro pecado y seremos perdonados como David también lo fue.

3. Debes Confiar En Tu Abogado
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo. (1 Juan 2:1)

Ahora bien, el enemigo buscará la manera de recordarte tu pecado y tu pasado, para mantenerte atado a los hábitos pecaminosos. El enemigo se divierte trayendo a memoria aquellos pecados por los cuáles tú has pedido perdón a Dios. Te dirá cosas como: “No puedes ser perdonado. No hay esperanza para ti. ¿Otra vez por lo mismo?”

Si tu salvación dependiera de esto, él estaría en lo cierto. Pero nosotros no dependemos de lo que él diga, sino de lo que nuestro SEÑOR dice. En pocas palabras, cuando el enemigo trata de condenarte y culparte, Cristo Jesús aparece como tu abogado ante el Padre y le dice: “Ei, nos pertenece, quien puede decir o no algo a él somos nosotros”. Y caso cerrado.

Debes entender lo siguiente, no existe perdón de pecado fuera de Jesús. ¿Lo recuerdas? Tú estabas muerto en el pecado y estarías separado de DIOS eternamente. Esa hubiera sido una gran tragedia. Y por más que hubieses deseado algo nuevo para tu vida, algo diferente; no hubieses podido.

Jesús tuvo que morir en una cruz para lavarte de todos tus pecados y darte nueva vida. Si permites que Él gobierne tu vida, podrás ver como irá cambiando esos antiguos hábitos pecaminosos y verás como él te defiende ante la culpa que el enemigo querrá echarte. Pero apartado de Él, nada podrás hacer.

Invitación: Porque no oramos. “Señor, sé que he pecado contra ti. Algunas veces sin querer, otras muchas a propósito, pero me arrepiento de ello. Sé que no te agrada. Por favor, perdóname, quiero que seas SEÑOR en mi vida. Que seas mi abogado. Y que me des el poder para vivir en victoria sobre el pecado”.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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