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Dios Te Está Llamando

Desde niño me han gustado los comics, las caricaturas, películas e historias de héroes y villanos. Era tanta mi atracción que aprendí a leer con la revista de “Spider Man” y los “X Men”. He visto y leído muchas de estas historias y todas tienen un común denominador: el héroe tiene que encontrar su destino, el cual va ligado a sus habilidades. Todos los héroes tienen algo especial que ayudará a la humanidad, o su lugar de habitación, a salvarse de una catástrofe.

Este género es muy popular, ya que todas las personas tiene en su corazón el deseo y el sentir de que son especiales y únicos. Estoy seguro que alguna vez en tu vida soñaste, incluso si fuiste más allá como yo, trataste de imitar a uno de esos superhéroes: James Bond, Superman, Flash, un X Men, o uno de los 4 fantásticos.

Pregunta a un niño que quiere ser cuando sea grande, e indudablemente te dirá algún héroe o personaje de caricatura, o alguna profesión heroica como: bombero, policía, piloto aviador, etc. ¿Recuerdas qué querías ser tú?

Muchos de nosotros tuvimos ese anhelo, incluso la sensación de que teníamos poderes superespeciales y un destino heroico: llegar a ser un superhéroe. O quizás no llegaste a tanto, pero deseabas tener una profesión que ayudara a la humanidad. Pero muchos de nosotros hemos perdido ese sueño, y lo perdimos el día que nos enfrentamos a la dura realidad: cuando pasamos a secundaria o la prepa con unos apodos horribles, algunos con la cara llena de barros, algunos con cuerpos llenitos y otros todo lo contrario, y fueron blanco de las burlas y desprecio más marcado de toda la escuela.

Otros de nosotros perdíamos ese sueño cuando llegábamos a casa y mamá o papá nos pegaban, nos gritaban, o no llegaban porque estaban tomados. O el día que quizás descubrimos que no fuiste planeado, y que al igual que el chiste de Pepito, tus papás se casaron “por tu culpa”, porque ya venías en camino.

Otros más nos mirábamos al espejo y nos decíamos: “Nombre, Ashton Kutcher se queda corto. Que Brad Pitt ni que ocho y cuarto. Tom Welling me hace los mandados”. Y sufrimos la decepción más grande cuando le tiramos la onda a la chava más hermosa de la school y nos dijo con esa voz tan dulce y maravillosa y encantadora: “¿Cómo crees que podría andar contigo? ¡O sea, no inventes!”. O las bellas muchachas lo perdían cuando se dieron cuenta que no eran muy populares con los galanes, y algunas de ellas les tiraban la onda sólo para votarlas luego, cambiándolas por otra que sí le daba lo que buscaba.

¿Te das cuenta que perdimos nuestros sueños por culpa de un o una tarada? ¿O por alguna situación familiar o escolar? Nunca falta el maestro, adulto o familiar que en lugar de darte ánimo te decía: Nunca va a lograr algo en la vida. Es usted un bueno para nada.

Esto provocó en nosotros un cierto rechazo a la posibilidad de creer que seamos seres especiales y únicos. Una incredulidad a la posibilidad de que tú y yo estemos destinados a algo grande y maravilloso, incluso heroico. ¿Te sigues preguntando cuál es tu propósito en la tierra? Dios tiene el propósito para tu vida, porque él te creó. Y Dios es extraordinario, por tanto tu destino es ser un ser extraordinario, fuera de lo común. Es una Misión maravillosa, “Imposible” a los ojos humanos. Pero vamos a ver la historia de tres hombres que no supieron cómo responder a su llamado. Quizás te identifiques con alguno de ellos, o con los tres.

1. Samuel (1 Sm 3:8)
Samuel era un muchacho al servicio del sacerdote Elí. Era el achichincle de el hombre que tenía la responsabilidad de representar a Dios con el pueblo y viceversa. Y por tanto no podía creer que Dios pudiera y quisiera llamar a su servicio a alguien tan pequeño e insignificante, a un jovencito.

Samuel vivía dentro del templo con el sacerdote Elí. Samuel conocía muy bien la voz de Elí, y cierta noche escuchó que alguien le hablaba; y la voz que estaba escuchando definitivamente no era de Elí. Pero Samuel sabía que no había nadie más allí, así que una de dos: tenía que ser Elí (que no lo era), o tendría que ser Dios. Pero dudando que Dios lo pudiese llamar, le atribuyó el llamado al sacerdote.

Muchos de nosotros hemos sido llamados por Dios, una y otra y otra vez. Pero nos hemos negado a responderle porque nos sentimos indignos o insignificantes, no podemos creer que Dios nos está llamando. Es por eso que muchos dicen: “Hasta que yo sea una mejor persona me acercaré a Dios”. “Es que en mi vida he cometido muchos pecados, yo creo que Dios ya no me perdona”. La verdad es que, al igual que Samuel, no entiendes que es Dios quien los llama, no un Pastor invitándote al Servicio, no es un “hermanito” invitándote a recibir a Cristo en tu corazón, o a una reunión, etc. Es Dios llamándote, por tu nombre, y diciéndote: “¡Sígueme! Tengo una Misión para ti.”

Si tú has pensado que Dios no puede llamarte porque te consideras poca cosa, mira lo que dice el Señor: 1 Corintios 1:26-28: "Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es" ¡Sí!, Es Dios quien te está llamando.

2. Moisés (Ex 4:11-13)
Moisés era un israelita, que había sido rescatado siendo un bebé de ahogarse en el río, con el resto de todos los bebés israelitas de su tiempo, porque Faraón había ordenado que todo niño varón fuese arrojado al río y muriese. La hija de Faraón vio la canasta en donde iba el bebé, y se apiadó de él y lo adoptó. Lo envió con su madre para que lo criara hasta que fuera destetado, después de eso, fue educado por la Princesa egipcia, en el palacio. Así que podemos decir que Moisés era un príncipe egipcio, aunque su corazón siempre estuvo con los suyos, los israelitas.

Una ocasión, Moisés salió a dar una vuelta, y en eso vio a un egipcio maltratando a un israelita, lo cuál le dio mucho coraje, así que decidió matar al egipcio y enterrarlo, pensando que nadie se enteraría de lo sucedido. Pero el Faraón sí se enteró, y mandó a traer a Moisés a su presencia. Así que como toda persona cuerda, Moisés dijo: “Patitas pa´que las quiero”.

Moisés fue un hombre que intentó traer un poco de libertad para los suyos, pero con sus propias fuerzas, y fracasó. Tan grande fue su fracaso, que tuvo que salir huyendo de Egipto. Pero tiempo después, podemos leer que Moisés recibe un llamado de parte de Dios, y le da una misión muy grande: traer libertad a su pueblo Israel, y sacarlo de Egipto. Pero en el corazón de Moisés existía el temor al fracaso. Porque alguna vez lo intentó, fallidamente. Así que Moisés comenzó a inventar miles de excusas para no tener que ir a cumplir con su “Misión Imposible”.

Muchos de nosotros hemos recibido un llamado de Dios, pero el temor al fracaso nos ha detenido. ¿Y si no resulta? ¿Y si no viene nadie? ¿Y si fracasa la célula? ¿Y si me vuelven a engañar? ¿Y si no encuentro lo que busco? ¿Y si vuelvo a caer en pecado? El temor nos detiene a aceptar el llamado y la misión que Él nos ofrece.

¿Has tenido temor de acercarte a Dios? ¿Has tenido temor al que dirán de ti? ¿Has tenido temor de guardar la voluntad de Dios para tu vida, pensando que a lo mejor y te tachan de fanático? ¿Has tenido temor de confesarle públicamente con tus labios o con tus acciones, tan sólo por no parecer anticuado?

Si te ha dominado el temor, y te ha impedido aceptar el hecho de que te están llamando. Lee lo que el Señor dice para ti: Isaías 41:9-10: "Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos, y te dije: "Tú eres mi siervo." Yo te escogí; no te rechacé. Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa." ¡Sí! Es Dios quien te está llamando.

3. Jonás (Jon 1:1-3)
Ah, Jonás, Jonás. Este era un profeta, un hombre que escuchaba claramente la voz de Dios, que podía ver claramente que todo apuntaba a una misión que Dios le estaba dando: Ir y prevenir a todo un pueblo de su destrucción. Pero Jonás fue un profeta que al recibir su Misión, salió huyendo y buscó alejarse de la presencia de Dios. Rechazó su llamado, el privilegio que Dios le estaba dando. Por una única y sencilla razón: No Quería hacerlo.

Suena ilógico, y un poco tonto, pero hay ocasiones en que el Señor nos ha llamado, nos ha invitado, nos ha dado una misión, pero hemos preferido muchas cosas vanas y pasajeras, antes que cumplir con la misión. Cosas como: bienes económicos, trabajo, un novio(a), popularidad, una posición social, etc.

Jonás tenía una tarea grande: la de ser testigo a una ciudad perdida (Nínive). Predicarle que se arrepintiera y volviera su camino, de lo contrario sería destruida. Te imaginas, Jonás podía evitar la destrucción completa de una ciudad, ni siquiera Superman, o los 4 fantásticos. Pero él decidió irse hacia el otro lado. Tú y yo hemos recibido una misión maravillosa: salvar a nuestra familia, nuestros amigos y compañeros, de su destrucción, de un vicio, de un dolor, etc. Pero en muchas ocasiones, hemos decidido hacer caso omiso a Su Voz.

Jonás se subió a un barco para que lo llevara a una ciudad que estaba en el último rincón de la tierra, conocida en sus tiempos. Pero en pleno viaje, Dios mandó una tormenta, la tripulación comenzó a preocuparse y comenzaron a invocar a sus dioses. Todos menos Jonás. Lo fueron a levantar para que clamara a su Dios, pero Jonás les dijo que no lo haría, que Dios estaba enviando esa tormenta por culpa suya, porque no quiso ir a donde lo envió. Pero que no estaba dispuesto a hacerlo, así que sería mejor que lo arrojaran al mar para que muriera y así Dios calmara su ira. ¿Puedes imaginarlo? Ni aún viendo el viento en contra recapacitaba. ¿Verdad que nos ha pasado así? Hemos decidido tomar una decisión por nuestra propia cuenta, en contra de la voluntad de Dios, y nos está yendo de la patada, pero aún así nos aferramos a esa decisión.

La historia de Jonás tiene un fin precioso: lo arrojan al mar. Jajaja, déjame terminar. Ya en el agua, Dios envía un gran pez que lo traga, salvándolo así de que se ahogara. Y dentro de ese gran pez, Jonás recapacita y decide ir a cumplir con la tarea que se le encomendó. Así que llega a Nínive, en el “submarino” último modelo que Dios le envió, y comienza a cumplir con su “misión”. Y logra que toda la ciudad se salve de su destrucción, aunque no le gustó mucho lo sucedido, pero esa es otra historia.

La enseñanza es la siguiente: Cuando Dios te hace un llamado, y te da una misión. Él no se
echa para atrás, y te va a seguir buscando, aunque te vayas al fin del mundo. Y a lo mejor hasta
te envíe un “submarino” para traerte.

Si Dios te ha estado llamando, y has preferido respetar y seguir con lo que tus padres te heredaron antes que acercarte a Dios, o si no has querido aceptar un ministerio porque no es el grupo de alabanza o no consiste en predicar desde un púlpito, o en un congreso juvenil. Lee lo que el Señor te dice en el Salmo 32:8-9: "Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti."

Quizás no suene muy bonito, pero es una verdad preciosa. Porque Dios te ha llamado, Él no puede hallar a alguien que sea más idóneo que tú para esa Misión. Él no puede hallar a alguien mejor para la tarea que tiene preparado para ti.

¡Si! Es Dios quien te está llamando. Siempre ha estado dirigiendo tus pasos hacia Él. Desde tu infancia hasta el día de hoy. El día de mañana y hasta el fin de tu peregrinar en esta tierra.

Esos problemas, situaciones adversas, sufrimientos, penas, dolor, etc. Estaban planeados para acercarte a Dios... Lee Romanos 8:28-31: "Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?"

Dios nos llama a ser Superhéroes reales. A Cumplir Misiones Imposibles. A Salvar nuestra familia, nuestra ciudad, nuestro Estado, nuestro País y Naciones completas de su destrucción. A ser diferentes, a hacer Su voluntad. No existe alguien mejor para dicha tarea. Dios te ha escogido y llamado a TI. ¿Aceptas la Misión?

Lee lo que Dios dice acerca de ti en Isaías 42:1-7 (NVI):
Tú eres mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito; sobre ti he puesto mi Espíritu, y llevarás justicia a las naciones... Con fidelidad harás justicia; no vacilarás ni te desanimarás hasta implantar la justicia en la tierra. Las costas lejanas esperan tu enseñanza... Yo el SEÑOR te he llamado en justicia; te he tomado de la mano, Yo te formé, Yo te constituí como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en las tinieblas.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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