Transfórmate.
renovando tu manera de pensar

Con Todo Tu Corazón



En cierta ocasión, un escriba (un experto intérprete y profesor de la ley), se acercó a Jesús para preguntarle ¿cuál era el mandamiento más grande de la ley? La respuesta fue, sin dudar, el versículo que nos toca aprender el día de hoy. Y quisiera hacer notar dos cosas al respecto:

1. Este mandamiento es el primero que enlista una serie de mandatos y estatutos que Dios ordenó a su pueblo poner en práctica para que le fuese bien en la tierra.

2. En los tiempos de Jesús, se cometió el error de hacer mandamientos hasta de lo más insignificante y hasta para detalles mínimos de la vida, eran tantos  que ni los mismos religiosos que los impusieron estaban dispuestos a obedecerlos. En pocas palabras, uno podía perder de vista lo más importante entre tantas leyes, mandamientos y preceptos: amar a Dios.

Muchas veces cometemos ese mismo error, centrarnos en lo secundario, perdiendo de vista lo importante. Nos centramos por ejemplo en lo externo, dejando a un lado el hecho de que Dios primero quiere tratar con nuestro interior. Logrando con esto hacer mucho externamente (lo que los demás ven), pero avanzar poco en nuestra vida espiritual (en lo que los demás no pueden ver).

No podemos olvidar que lo más importante en nuestra vida debe ser: amar a Dios. Intimar con él, pasar tiempo con él, tener citas con él, agradecerle, cantarle, adorarle; y esto nos llevará a cambios externos incluso. No olvides: ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, tu alma y tus fuerzas.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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