Ven A La Fuente De Agua Viva

¿Sabrá mejor el agua de una fuente de agua viva o el agua estancada de una cisterna?¿Será más seguro contar con agua de una fuente de agua viva o de una cisterna?

Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua! (Jeremías 2:13)

¿Pondrías tu confianza en algo inestable, inseguro e inconstante? ¿No? ¡Por supuesto que no! Sería ilógico y hasta tonto; sin embargo, lo hacemos, y más seguido de lo que estamos dispuestos acep

tar.

Cavamos nuestras propias cisternas con la esperanza de ser satisfechos y nos brinden felicidad: algunos el materialismo, pensando que entre más tenga más seguro vivirá; algunos en la posición o en la fama, creyendo que siendo líder o reconocido por todos será dichoso y feliz; algunos a través de las relaciones, creyendo que un novio o esposo(a) le traerá la felicidad que anhela; algunos incluso en la religión, considerando que por ser parte de una ya están agradando a Dios.

Pero, ¿qué pasa cuando estas cosas nos fallan o nos hastían? ¡Sí! Nos comenzamos a sentir vacíos, insatisfechos. Es porque estamos bebiendo de un agua que no puede saciarnos, porque todo esto tiene que ver con la búsqueda de nuestra identidad; y no podemos estar satisfechos hasta que comprendamos que fuimos creados por Dios y para Dios, para conocerle, para relacionarnos con él y adorarle. Es tiempo de dejar de beber de las cisternas, intentando saciar nuestra sed; y volvernos a Dios, la fuente de agua viva.

El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”» (Juan 7:37-38)

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