Transfórmate.
renovando tu manera de pensar

Suspiro

Suspiro
¡Qué Emoción!
Descubre al Dios que suspira de amor por ti

Jesús salió de la región de tiro y se dirigió, por Sidón, al lago de Galilea, por la región de Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo y tartamudo y le suplicaron que pusiera la mano sobre él. Jesús se lo llevó aparte para estar a solas con él; le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, mirando al cielo, suspiró y ordenó: ¡Efatá! (que quiere decir: ¡Ábrete!). Y al instante el hombre pudo oír y hablar perfectamente. (Marcos 7:31-35)

A Jesús le trajeron un hombre sordo y tartamudo, y el Señor lo llevó aparte. Allí, conociendo el impedimento del hombre le comenzó a explicar a través de señas. Primero puso los dedos en los oídos indicándole que sus oídos serían abiertos, y luego con saliva tocó su lengua dándole a entender que aquello que le impedía hablar sería removido. Hasta allí es comprensible; pero antes que el hombre dijera una sola palabra Jesús hizo algo muy inesperado.

Él suspiró profundamente. Yo hubiese esperado un aplauso, una canción, un grito, un Aleluya o una oración para comprobar que ya podía escuchar. Pero el Hijo de Dios no hizo nada de esto. Lo que hizo fue una pausa, miró al cielo y suspiró. Desde muy profundo del interior de su ser brotó una emoción muy fuerte.

Creo que no me había puesto a pensar en Dios suspirando. Claro que recuerdo fácilmente a Cristo ordenando. Incluso lo he imaginado llorando. O llamando a un muerto desde afuera de su tumba, incluso creando al Universo con sólo palabras, pero ¿suspirando?

¿Has supirado? Yo suspiré hace pocos días al presentarme un bebé con problemas en los riñones. Suspiré cuando se acercó a la ventana de mi auto una pequeña niña como de 6 años, sucia, mal vestida y con hambre para pedirme dinero. Suspiré cuando un papá vino a decirme que tenía problemas con su hija y con su esposa. Y sin duda alguna tú también has suspirado.

Si eres papá de adolescentes, más que obvio que has suspirado. Si eres adolescente o joven también has suspirado cada vez que has intentado resistir a la tentación. Cuando te han hecho a un lado, o no tomaron en cuenta tus acciones o tu mejor esfuerzo, también has tenido la necesidad de respirar profundamente y luego soltar un suspiro de tristeza o dolor.

Me doy cuenta entonces que hay diferentes suspiros, los hay de expectación, los hay de gozo, los hay de tristeza; pero el suspiro de Jesús es como de cierta frustración y tristeza. Quizás entre enojo y lágrimas. Y es que este suspiro del Señor vino de un sentimiento de ansiedad; porque estaba viendo el dolor y la desesperación de este hombre, cosa que nunca debió tener ningún ser humano.

Y es que el hombre no fue creado para estar separado de Su Creador; suspiró al ver cómo el hombre se alejó tanto de casa que ahora está sufriendo. Él no había creado todo lo que vez para que el mal lo habitara; por eso suspiró, recordando quizás el Jardín. El hombre no debía necesitar de un intercesor para poder comunicarse con el Padre; por eso suspiró anhelando ya ese día en que el ser humano pueda estar cara a cara con Dios.

Ahora que Jesús estaba viendo a los ojos de este pobre hombre, víctima de Satanás, suspiró. "Esto no debería ser así", quizás era lo que decía su suspiro. "Tus oídos no deberían estar sordos, y tu lengua no fue hecha para titubear." Todo esto que está aconteciendo a la humanidad, hizo que el Maestro suspirara.

¿Y qué con esto? Pues al ver a Jesús suspirando, sufriendo por nuestro dolor; agonizando Él mismo por lo que el diablo ha hecho con el ser humano, me da consuelo, me da esperanza. Y es que Él no hubiese suspirado, si no le doliese nuestra situación. Pero la realidad es que sí le importa. Él se pudo haber lavado las manos y decir, "Bueno, ellos se lo buscaron"; pero la realidad es que él mismo suspira de ansiedad por ver a cada hombre restaurado a su propósito original.

Jesús aún está suspirando por ti. Porque desea ver cumplido en tu vida el propósito original. Verte totalmente libre del pecado y del sufrimiento. ¡Qué hermoso es Jesús!
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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