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El Talón De Aquiles De Jesús

En la mitología griega, Aquiles, fue un héroe de la Guerra de Troya y uno de los principales protagonistas y más grandes guerreros de la Ilíada de Homero.

La característica que más me llama la atención de este personaje es que era considerado invencible, era invulnerable en todo su cuerpo, excepto en su talón. De allí surge la leyenda de que murió al clavársele una flecha envenenada en el talón.

¿Por qué inicié esta reflexión con un héroe mitológico? Porque me hizo recordar el término 'talón de Aquiles', refiriéndose al único punto débil de una persona. Y quiero usar esto para hablar acerca del talón de Aquiles de Jesucristo.

¡Sí!, aquél hombre, no mitológico sino real, cuya vida intachable, santa, perfecta y además con milagros y muestras de poder del cielo acompañándole. ¡Sí!, este hombre que era capaz de dar de comer a miles con unos peces y panes, seguramente acabaría el hambre del mundo. ¡Sí!, este hombre que era capaz de ordenar a las tempestades que se callaran, seguramente acabaría con las catástrofes naturales. ¡Sí!, este hombre que era capaz de sacar huyendo a demonios, seguramente era el 'Mesías', que ellos esperaban, el Rey que llegó para derrotar al imperio romano y derrocar al César. Y comenzar así una nueva era de paz bajo su gobierno. Pero, ¡no fue así! Al contrario, fue crucificado. ¿Qué pasó? ¿Cuál fue el talón de aquiles de este hombre perfecto?

La respuesta la hallamos desde el principio, ¡¿Qué?! ¡Sí!, en Génesis. El día que Dios, tuvo que expulsar al hombre y a su mujer del jardín de Edén a causa de su pecado. Dios dijo lo siguiente: Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te herirá la cabeza, y tú le herirás el talón». (Gn 3:15) ¡Sí!, desde allí mostró Dios el talón de aquiles del Mesías Jesús. 

Y es que Jesús pudo haber usado todo su poder, pedir ángeles para que lo liberaran del ejército romano el día en que fue apresado, pero no lo hizo. Pudo haber hecho gala de todo su poder ante los gobernantes romanos para que incluso estos se postraran ante él, pero no lo hizo. Pudo haberse bajado de la cruz y ordenar rayos y hasta una lluvia de meteoritos (granizo y fuego) del cielo para acabar con todos aquellos que se burlaban de Él. Pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque su talón de aquiles somos tú y yo. ¡¿Qué?! ¡Sí!, él no bajó de esa cruz, permitió que la serpiente, satanás le hiriera con su flecha envenenada en su talón, porque si Él no moría, sólo se hubiera salvado la generación de los tiempos de Jesús. Pero ni tú ni yo hubiésemos podido ser salvos. Él tenía que derramar su sangre para que toda la humanidad tuviese oportunidad de salvarse, Él tenía que morir para por medio de él, Dios reconciliar consigo todas las cosas. Y hacer la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz. (Col 1:20).

El talón de aquiles de Jesús somos tú y yo. Él murió porque su único punto débil somos nosotros. Él pudo haber vencido en ese momento, pero nos hubiese dejado fuera de la salvación. Pero permitió que el enemigo, la serpiente, hiriera su talón para con ello: Ganar la victoria más maravillosa y dar con ello un golpe mortal a la cabeza del enemigo y salvarnos con ello. Él dio su vida porque nos ama (Jn 15:13), y él mismo dijo que no hay mayor amor que el dar la vida por sus amigos.

Así que, gracias a Dios por nuestro salvador Jesús. Además qué, la próxima vez que venga, ya no tendrá ese talón de aquiles, porque ya hizo lo que tenía que hacer la primera y única vez.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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