Transfórmate.
renovando tu manera de pensar

¿Por Qué No Me Compras Un Pelota?

¿Por Qué No Me Compras Una Pelota?
¿Por Qué A Veces Dios No Nos Da Lo Que Le Estamos Pidiendo?
Esta Es, Posiblemente, Una Respuesta

Yo, el SEÑOR, te he llamado para manifestar mi justicia. Te tomaré de la mano y te protegeré... (Isaías 42:6).

En toda mi niñez jugué futbol, desde pequeño me encantó patear la pelota. Se podía decir que la pelota y yo eramos amigos, íbamos a todas partes. Pero recuerdo que cuando tenía 6 años, había una pelota que me gustaba mucho y le pedí a mi papá que me la comprara. Mi papá me decía: "sí hijo, vamos a regresar otro día para comprarla", mi papá me tomó de la mano y cruzamos la calle. Pasaron los días y recordé aquella pelota: "Papá, cómprame la pelota", "sí hijo, uno de estos días vamos por ella", nuevamente me tomó de la mano y caminamos. Pasaron más días y pasamos nuevamente por la tienda: "Papá, ¿por qué no me compras la pelota?", "en esta ocasión no traje dinero, pero te prometo que la próxima vez te la compro", en esta ocasión mi papá me preguntó antes de cruzar la calle, "¿ya viste que no venga carro?", "sí, no viene", "pasemos entonces".

La próxima semana le dije: "Papá, ¿por qué no me compras la pelota?", entonces mi papá dijo: "vamos a comprarte la pelota". Ese día me la compró y al siguiente día estuvimos jugando y de pronto la pelota salió disparada hacia la calle, yo fui detrás de ella y antes de pasar la calle me detuve y ví si no venía carro, mi papá me gritó: "¿ya viste si no viene auto?", yo le respondí: "sí papá, no viene", así que me dijo: "ve por la pelota".

Cuando regresé con la pelota en la mano, mi papá me dijo que cuando tenía 4 años, estaba jugando una pelota, y en esa ocasión la pelota también salió hacia la calle y al igual que en esta ocasión salí justo detrás de ella. Y como no sabía del peligro que esto representaba una camioneta me atropelló. En ese momento no entendí como lo hago ahora de adulto.

Mi papá no me compraba aquella pelota, porque sabía que yo era muy inquieto y no había aprendido a caminar tomado de su mano, a escuchar sus advertencias, a oír su voz para que no me pasara nada. Pero ya que llegó el tiempo que consideró que había aprendido o que sin duda primero le escucharía, "me compró la pelota".

Con Dios, nuestro PADRE Celestial suele suceder lo mismo. Muchas cosas que le pedimos no son malas, no representan nada malo, al contrario es algo bueno, algo que incluso nos puede dar más dicha y alegría, pero ¿por qué Dios no nos compra la pelota? ¿por qué el Señor no nos da esa pelota que tanto le pedimos? Una de las razones puede ser porque aun no hemos aprendido a caminar de Su mano, para que le escuchemos ante el peligro, para que ese regalo, en lugar de provocarnos algo malo, realmente sea de bendición.

No trae a reconciliación a nuestra familia, quizás porque no estamos listos para retenerla cuando ya esté a nuestro lado; es decir, aun no hemos permitido que el Señor cambie nuestro carácter y no servirá de mucho que Dios los traiga sólo para que sigan enfrentando los mismos gritos, los mismos pleitos, la misma frialdad, etc. No obtenemos el trabajo que deseamos, porque quizás no estemos listos para administrar los recursos que obtendremos. Y así te puedo citar más ejemplos.

Nuestro Padre Celestial es muy sabio, y Él no nos dará la pelota cuando estemos listos para no ir detrás de ella hacia la calle sin medir el peligro. Nuestro Dios, primero quiere enseñarnos a caminar tomado de Su mano, para que el día que nos de la pelota, hayamos aprendido a ver antes de ir tras la pelota si no hay peligro alguno.
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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