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¿Te Ha Faltado La Fe?

Día 16 Con Jesús
¿Te Ha Faltado La Fe?
Descubre cómo Jesús nos enseña a sobreponernos en esas ocasiones

Lectura: Mateo 15:1-39
Ciertos fariseos y jefes judíos de Jerusalén fueron a entrevistarse con Jesús. Le dijeron: "¿Por qué tus discípulos desobedecen la tradición antigua? ¡No están observando el ritual de lavarse las manos antes de comer!" A lo que Jesús respondió: ¿Y por qué ustedes violan los mandamientos directos de Dios en el afán de guardar las tradiciones? La ley de Dios dice: "Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a sus padres, muera irremisiblemente". Pero ustedes dicen: "Es preferible dejar de ayudar a los padres que estén en necesidad a dejar de ofrendar a Dios". De esta manera, con un mandamiento humano están anulando el mandamiento divino de honrar y cuidar a los padres. ¡Hipócritas! Bien dijo de ustedes el Profeta Isaías: "Este pueblo de labios me honra, pero lejos está de amarme de corazón. La adoración que ustedes me brindan no les sirve de nada, porque enseñan tradiciones humanas como si fueran mandamientos de Dios".

Entonces Jesús llamó a la gente y le dijo. Escuchen y traten de entender: Lo que daña el alma no es lo que entra por la boca, sino los pensamientos malos y las palabras con que éstos se expresan. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: Los fariseos se ofendieron por esas palabras. Les respondió Jesús: Cualquier planta que mi Padre no haya sembrado será arrancada. Así que no les hagan caso, porque son ciegos que tratan de guiar a otros ciegos y lo único que logran es caer juntos en el hoyo.

Pedro le pidió que les explicara aquello de que comer los alimentos que la ley judía prohíbe no es lo que contamina al hombre. Le respondió Jesús: ¿Tampoco ustedes entienden? Cualquier cosa que uno come pasa a través del aparato digestivo y se expulsa; pero el mal hablar brota de la suciedad del corazón y corrompe a la persona que así habla. Del corazón salen los malos pensamientos, los asesinatos, los adulterios, las fornicaciones, los robos, las mentiras y los chismes. Esto es lo que de veras corrompe. Pero uno no se corrompe por comer sin lavarse primero las manos.

Jesús salió de allí y caminó los ochenta kilómetros que lo separaban de la región de Tiro y Sidón. Una cananea, que viví por allí, se le acercó suplicante: ¡Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija tiene un demonio que la atormentara constantemente. Jesús no le respondió ni una sola palabra. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: Dile que se vaya, que ya nos tiene cansados. Entonces Jesús le dijo a la mujer: Me enviaron a ayudar a las ovejas perdidas de Israel, no a los gentiles. Pero ella se acercó más y de rodillas le suplicó de nuevo: ¡Señor, ayúdame! Le replicó Jesús: No creo que sea correcto quitarle el pan a los hijos y echárselos a los perros. Respondió ella: Sí, pero aun los perrillos comen las migajas que caen de la mesa. Le dijo Jesús: ¡Tu fe es extraordinaria! Conviértanse en realidad tus deseos. Y su hija sanó en aquel mismo instante.

Jesús regresó al lago de Galilea, subió a una colina y se sentó. Y estuvo sanando a cojos, ciegos, mudos, lisiados y a muchos otros enfermos que la multitud le llevaba. ¡Qué espectáculo! Los que hasta entonces no podían pronunciar ni una palabra hablaban emocionados; los miembros inútiles de ls lisiados eran restaurados; los cojos caminaban y saltaban, mientras que los ciegos, maravillados, contemplaban por primera vez el mundo. El gentío, asombrado, alababa al Dios de Israel.

Dijo Jesús en voz baja a sus discípulos: Me da lástima toda esta gente. Hace tres días que están aquí y ya no tienen nada que comer. No quiero enviarlos a sus casa sin comer, porque se desmayarían en el camino. Le respondieron: ¿Pero en qué lugar de este desierto vamos a conseguir suficiente comieda para alimentar a este gentío? Les preguntó Jesús: ¿Qué tienen ahora? ¡Siete panes y unos cuantos pescados!

Entonces ordenó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias a Dios por ellos y comenzó a partirlos y a entregarlos a los discípulos para que los repartieran a la gente. Nadie se quedó sin comer, a pesar de que había cuatro mil personas, sin contar las mujeres y los niños. ¡Y sobraron siete cestas repletas de alimentos! Cuando terminaron de comer, Jesús despidió a la gente y él y sus discípulos se fueron en una barca a la región de Magadán.

Reflexión
Algo que me choca admitir es que a veces me falta fe. Es verdad, aunque sea pastor y tenga años de ser cristiano, en diversas ocasiones me falta fe. Sé que no debería ser así, que debería tener completa fe en el Señor y no cuestionar su manera o no preocuparme, pero no siempre es así. Y aunque he visto cómo el Señor ha actuado a mi favor en el pasado, a veces me cuestiono si lo hará en el presente. Y aunque puedo mencionar muchísimas ocasiones en que el Señor ha respondido mis oraciones, a veces me pregunto si responderá mis peticiones. En pocas palabras, cuando me falta la fe es cuando dejo de ver lo que el Señor ha hecho por mí. Y para acabarla, me gana la culpabilidad. ¡Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia!

Pero al leer este pasaje me siento un poco mejor, porque a los discípulos también les faltó la fe, y eso que ellos estaban con Jesús. Ellos vieron como Jesús alimentó a 5000 personas días antes (Mateo 14) y ahora estaban dudando nuevamente (faltos de fe) al preguntar: ¿De dónde vamos a obtener comida? ¿No es verdad que algo así le hubieras preguntado al Señor? ¡Yo, sí! Los discípulos fueron como nosotros al tener que enfrentar esa situación olvidando que el Señor había ya obrado en algo muy similar anteriormente. ¡Cuán pronto olvidamos que Dios tiene la habilidad de proveernos siempre!

Hoy, Dios nos recuerda que Él sigue actuando aun cuando nos falte la fe. Él puede repetir milagros en tu vida aún cuando dudes. La próxima vez que te sientas desánimado por alguna situación en tu vida, considera la fidelidad de Dios en el pasado, lo que Él ha hecho por ti. Dios es bueno y siempre se mantendrá a tu favor, aunque te falte la fe o quieras renunciar (como yo lo he intentado alguna vez).
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Soy Julio César Cruz Ocaña, mejor conocido como Julito, y junto con mi esposa somos pastores de adolescentes del Centro Cristiano Filadelfia en Chiapas Mexico. ¿Te interesa saber mi edad? Soy de 1978 y tuve la oportunidad de conocer a Cristo desde los 16 años y es lo mejor que me pudo haber pasado, ya que ahora disfruto de la vida plena y abundante que solo Jesucristo puede dar. Estoy casado (desde el 2003) con una maravillosa mujer a través de la cuál el Señor me ha bendecido: Ciria; y con quien tengo la dicha de tener dos hermosas niñas: Ana Belén y Vania Daniela. Y juntos servimos al Señor cuidando y pastoreando a un montón de hijos e hijas adoptivos (mis juniors).

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