¡No te jactes!

Hay muchas personas y ministerios levantándose, usando los dones espirituales, y eso es bellísimo y bueno, pero la mayoría sin desear o recibir instrucción adecuada al respecto, y terminan dañando más que bendiciendo.
Por tanto, quiero compartirles mi experiencia con algo que sucede con el don de profecía. Espero te sea útil.
La profecía, por cierto, no consiste en estar ‘diciéndole’
el futuro a las personas o ministerios. La profecía consiste en hablar de parte
de Dios y cuando lo hace, rara vez es para decirle lo que tiene que hacer o qué
le depara el futuro. Pero bueno, eso es otro rollo.
Un profeta no está llamado a andar descalificando a otros, u
otros ministerios, o a personas. Sin embargo, el Señor suele usarlos como
instrumentos para juzgar la labor o el actuar de alguien. Y por juzgar no me
refiero a descalificar, sino a corregir lo que se está haciendo mal. Profeta, estoy seguro que estás de acuerdo
conmigo, ¿no es así?
Viene mi palabra para ti. Muchos profetas se excusan
diciendo que tienen permiso del Señor para juzgar, pero que su palabra no debe
ser juzgada porque, al fin y al cabo, ¡así dice el Señor! Error, en primer
lugar toda palabra que salga de labios de algún siervo del Señor: apóstol,
profeta, evangelista, pastor y maestro, debe ser juzgada; es decir, pesada y
comparada con la BIBLIA, a fin de discernir y tomar lo bueno y rechazar lo
malo.
Una cosa más que debes considerar. El hecho que el Señor
escoja algún instrumento para traer juicio sobre alguien más, no significa que
Dios está respaldando todo lo que es o hace este instrumento. ¿Qué? ¿No me
crees? Lee Habacuc 1:5-11. Notarás que Dios levantó a Babilonia para emitir
juicio sobre Israel. ¿Qué te quiero decir? Interpreta mi silencio.
Dios es soberano, y Él elige a quien quiera y lo que sea, a
fin de hablar y llegar a su pueblo. A fin de provocarlo al arrepentimiento. Y aun
cuando la intención en el corazón de tal instrumento no sea puro o correcto, ¡Dios
lo usará! Así que, cada vez que Dios te use como instrumento para corregir a
otro, ¡no te jactes ni vanaglories!, tampoco asumas que Dios no tiene nada que
reprocharte a ti, es decir, no te conviertas en Babilonia, porque al fin y al
cabo ya sabes qué le pasó.
P.D. un profeta está acostumbrado a hablar fuerte, así que estoy seguro que no te molestará la forma en que he expresado mi consejo.
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